Cinco horas caminando, por paisajes espectaculares. El sendero lo tenía todo: sol, montañas, barrancos. ¡Un mar de nubes a ras del suelo! Un túnel construido para la canalización del agua, oscuro, que parecía interminable, veinte minutos para encontrar la salida, y al final cuando se veía la luz al final del túnel, nos encontramos en un acantilado cortado a cincel, que caía sobre un mal azul turquesa.
Una gran parte de los sáquidas ya conocen en final de este sendero, aunque seguramente entre nebulosas, por las influencias del dios Baco.
Mi cámara no estaba sola.
Las fotos que siguen a continuación son de mi amiga Olga. Permítanme este pequeño acto de inmodestia, como casi nunca salgo en las fotos hoy me voy a dar un homenaje.
Aunque parezca imposible a mitad de ese acantilado se encuentra el sendero.














